La conversación se detuvo en el instante exacto en que ella apareció.
Las concubinas no se movieron de inmediato, pero el aire cambió. Fue algo casi imperceptible: las espaldas se enderezaron, las manos dejaron de jugar con las tazas, las miradas bajaron apenas.
Respeto.
No fingido, un respeto que venía del temor.
Lyria no necesitó que nadie le dijera que aquella mujer era diferente.
Vestía un traje marfil de corte impecable. No ostentoso, pero imposible de ignorar. El bordado en las m