Gabriel
La casa vuelve a quedarse en silencio poco a poco.
Escucho cómo la puerta principal se cierra tras el último coche, cómo las pisadas se disuelven en los pasillos, cómo incluso el aire parece asentarse después de horas cargadas de voces, planes y amenazas. Solo quedamos Isabela y yo.
Y ese hecho, tan simple, se siente como un ancla.
Subimos a la habitación sin hablar. No porque no haya cosas que decir, sino porque hay momentos en los que las palabras estorban. La noto cerca, siempre cerca