Gabriel
El primer aviso de que algo no está bien no es una llamada, ni un grito, ni un mensaje.
Es el silencio.
Estoy en la sala con Adrian cuando la puerta principal se abre y no escucho la risa suave de Isabela, ni su voz llamando a nadie para avisar que llegó. Solo pasos. Rápidos. Contenidos. Y luego… una respiración entrecortada que reconozco incluso antes de verla.
La casa vuelve a quedarse en silencio poco a poco.
Escucho cómo la puerta principal se cierra tras el último coche, cómo las