Isa
Lo primero que siento es el dolor.
No llega de golpe, no es una puñalada inmediata. Es una presión profunda, constante, como si algo pesado descansara justo debajo de mis costillas. Un ardor que late, que pulsa, que me recuerda que mi cuerpo pasó por algo grave… aunque mi mente todavía no logra alcanzarlo.
Intento moverme y un quejido se me escapa antes de que pueda detenerlo.
Abro los ojos.
La luz blanca me enceguece por un segundo. Parpadeo varias veces, confundida, tratando de enfocar.