Isa
Cuando la puerta se abre de golpe, casi se me cae el celular de las manos.
Gabriel aparece en el marco, traje aún puesto, la corbata un poco aflojada, el cabello revuelto como si hubiera pasado los últimos minutos pasándose la mano por él. Sus ojos van directo a mí, acurrucada en la cama, con las rodillas pegadas al pecho y el teléfono temblando entre los dedos.
Por primera vez… siento alivio de verlo.
Y al mismo tiempo, pánico.
Pánico por el mensaje que acabo de leer.
Pánico por lo que va