Gabriel
La puerta de la habitación se cierra detrás de mí con un clic suave, pero por dentro todo sigue rugiendo.
Aún siento el sabor del beso en la boca. El temblor de ella entre mis manos. La forma en que me suplicó que no fuera.
Y yo… yo accedí.
Accedí porque verla así, rota, con el rostro marcado por la mano de su propio padre, me hizo algo que no quiero analizar todavía. Algo que no puedo clasificar dentro de ningún plan.
Pero aceptar no significa obedecer.
Aceptar no significa quedarme q