Isa
Me separo de él de golpe.
Mis manos se aferran a su pecho y lo empujo con toda la fuerza que tengo, rompiendo el contacto de nuestras bocas como si me quemara. El aire me entra a los pulmones en una bocanada torpe, el corazón me late tan fuerte que casi me duele.
—No… —niego con la cabeza una y otra vez, dando un paso hacia atrás—. No, no, no. Esto es un error. No debí… no debí dejar que me besaras.
Adrián sigue ahí, respirando agitado, con las pupilas dilatadas y los dedos todavía temblando