La ceremonia de confirmación del vínculo había concluido con éxito, pero la tensión en el Gran Salón seguía siendo palpable. El Gran Sacerdote despidió a la asamblea, y los invitados comenzaron a dispersarse.
Sech se acercó al Alfa Marcus y a Amira, tomando a Isis del brazo con una firmeza protectora. La comitiva real se movía con una precisión intimidante, deteniéndose justo frente a la pareja del Clan Luna Roja.
Marcus estaba lívido, sus ojos brillaban con una mezcla de terror y humillación. Amira se encogió ligeramente, su mano cubriendo instintivamente el ojo magullado, temiendo la ira del Alfa Supremo.
—Alfa Marcus. Luna Amira —saludó Sech, su voz era controlada, pero con un filo acerado que resonaba con el rugido latente de Ragnar.
Marcus se inclinó a medias, incapaz de mirar a los ojos del Rey.
—Mi Rey... felicitaciones por la unión.
—Gracias. Pero me temo que tus felicitaciones no son bien recibidas, mi guardia personal me ha informado sobre tu arrogancia y sobre tu insolen