Los días que siguieron al desafío del Consejo y al breve destello de lucidez de Lysander pasaron en un torbellino de preparativos. Finalmente, llegó el día de la ceremonia de confirmación del vínculo, un evento orquestado por Sech y Altea para reafirmar la autoridad de la Corona y acallar los rumores de su debilidad. El Gran Salón era un espectáculo de riqueza y poder.
Sech e Isis se encontraban en los aposentos reales. Sech, imponente en su armadura ceremonial oscura, ajustó el broche de la capa de Isis, que resplandecía en su vestido de seda color perla. La tensión entre ellos era una mezcla de nerviosismo por la exhibición pública y la certeza de su amor recién consumado.
—Recuerda, pequeña, esto no es solo una celebración. Es una declaración —dijo Sech, tomando su rostro entre sus manos—. No permitas que nada ni nadie te haga dudar de quién eres y de lo mucho que vales, quiero que sepas que tu amor y tu apoyo significan todo para mí.
—No te preocupes, cariño, gracias a todo lo q