El sol se hundía en el horizonte como una herida abierta, tiñendo el cielo de un rojo furioso que se reflejaba en las hojas otoñales del Bosque Escarlata. El aire estaba cargado de un olor metálico a tierra removida y sudor, mezclado con el almizcle salvaje de las manadas en alerta. Sech, cabalgaba al frente de su ejército, su armadura de cuero reforzado con placas de plata reluciendo bajo la luz agonizante. Sus ojos dorados ardían con una furia contenida, como brasas listas para incendiar tod