La cacería había sido un triunfo inesperado y la oportunidad perfecta para reafirmar los lazos perdidos con su hermano. Sech, el imponente rey alfa de los licántropos, cabalgaba al frente de su grupo con una satisfacción profunda en el pecho. Las presas capturadas ciervos majestuosos y jabalíes feroces colgaban de las monturas, trofeos que alimentarían al palacio durante días. A su lado, Isis, su reina y pareja destinada, montaba con gracia, su cabello oscuro ondeando al viento como una bandera