La cacería había sido un triunfo inesperado y la oportunidad perfecta para reafirmar los lazos perdidos con su hermano. Sech, el imponente rey alfa de los licántropos, cabalgaba al frente de su grupo con una satisfacción profunda en el pecho. Las presas capturadas ciervos majestuosos y jabalíes feroces colgaban de las monturas, trofeos que alimentarían al palacio durante días. A su lado, Isis, su reina y pareja destinada, montaba con gracia, su cabello oscuro ondeando al viento como una bandera de victoria. Lysander, charlaba animadamente con los miembros del Consejo.
El bosque que rodeaba el palacio era denso y familiar, un territorio marcado por el olor de su manada real. El sol del atardecer filtraba rayos dorados entre las hojas, y el grupo avanzaba con paso relajado, anticipando el banquete que les esperaba. Sech miró a Isis y le dedicó una sonrisa lobuna, sus ojos ámbar brillando con amor y posesión.
—Mi reina, hoy has demostrado una vez más por qué eres digna de llevar este tít