El horror se instaló en mi pecho, cortándome la respiración. Matrimonio. Heredero. Esas palabras resonaron en la elegante estancia, opacando cualquier promesa de venganza.
—¡No! —Mi voz salió como un rechazo visceral, mis manos se levantaron en protesta—. No por la sanación del rey, mi Señora. Esa es mi naturaleza, y si puedo ayudarlo, lo haré. Pero convertirme en su esposa y darle un heredero... yo no puedo hacerlo. No puedo traicionar a Dorian. Aun cuando él esté muerto, yo le debo fidelidad