Alessandro se convirtió en el sol alrededor del cual giró el universo del palacio. Su pequeño llanto, sus gorjeos y sus suspiros de sueño fueron la banda sonora que comenzó a llenar los silencios y a suavizar las aristas del dolor.
Para Aurora, el bebé fue un milagro. "¡Es mi hermanito!", anunciaba a todo el que quisiera escuchar, pasaba horas sentada junto a la cuna, cantándole canciones inventadas o mostrándole sus juguetes favoritos con una solemnidad conmovedora. A través de su amor inocent