La revelación del embarazo actuó como un catalizador en el alma de Alexandra. El dolor no desapareció—era una capa profunda y permanente bajo su piel—, pero ahora estaba recubierto por una capa de acero. Tenía un propósito que trascendía su propio sufrimiento, una razón para levantarse cada mañana que iba más allá de la mera supervivencia.
Decidió que tendría al bebé. La idea de no hacerlo ni siquiera cruzó por su mente. Esa nueva vida, concebida en la oscuridad, sería criada en la luz. *Su* lu