La revelación del embarazo había abierto una nueva herida en Adriano, pero también había avivado una desesperada chispa de esperanza. Un hijo. Un lazo indisoluble, una segunda oportunidad que ni siquiera sus peores errores podían borrar. Se aferró a esa idea con la tenacidad de un hombre que se ahoga.
Su primer intento fue a través de las palabras. La interceptó en el jardín interior, donde ella solía sentarse a leer bajo la luz del atardecer. Llevaba una caja pequeña y elegante en la mano.
—Al