Un velo gris de abatimiento se había posado sobre Alexandra tras la noche del aniversario. La esperanza que había florecido en ella durante la cena se había marchitado con la fría despedida de Adriano en el corredor. Él había regresado a Roma para una serie de reuniones que, sospechaba ella, podrían haberse pospuesto, pero que sirvieron como la excusa perfecta para poner distancia entre ellos.
Para no dejarse vencer por la melancolía, se sumergió en su tesis final y en pasar todo el tiempo posi