Un año. Doce meses desde que Alexandra había firmado en aquella sala de juntas lúgubre. Doce meses desde que había caminado por el pasillo de la capilla hacia un hombre que la consideraba una transacción. Ahora, esa misma fecha se acercaba, y el palacio, en lugar de prepararse para un recordatorio de la farsa, parecía contener la respiración.
Fue el mismo Adriano quien, durante una de sus cenas silenciosas, pero ya no del todo incómodas, lo mencionó.
—El jueves se cumple un año —dijo, sin levan