22. Dos corazones
No esperé ni un segundo más. Apenas grabé lo suficiente, guardé el celular con manos temblorosas y salí corriendo en silencio, como si el mismo miedo me empujara desde atrás. Mis pies casi no tocaban el suelo.
El corazón me latía tan fuerte que sentía que se me saldría del pecho. Si Renata me descubría ahí… no quería ni imaginar lo que podría pasar. Estaba sola, abajo, en el lugar que Alejandro me había suplicado que no pisara. Pero ya no podía obedecer órdenes. No después de todo lo que había