Capítulo 102
Ernesto no aceptó que Luciano diera la vuelta para irse. Se levantó con los ojos llenos de rabia y desesperación.
—Tú no puedes dejar de ser el heredero —dijo casi gritando—. He luchado toda mi vida para ponerte en esa posición. No puedes tirarlo todo como si no valiera nada.
Luciano se detuvo en medio del estudio, Camila apretó su mano, pero él dio giro para ver a su abuelo.
—¿Y para qué sirve todo eso, Ernesto? —preguntó enojado —. Si no fuiste leal conmigo, ¿qué puedo esperar de tu mafia?
Ernesto lo señaló con la mano temblorosa, frustrado.
—¡Esto no viene de ti! —acusó—. Es culpa de ella. —Miró a Camila con odio—. Desde que volvió, se dedicó a envenenar tu cabeza para alejarte de mí. Ella es el problema. Ella es la división en esta familia.
Camila respiró hondo. No iba a dejar que la atacara de nuevo.
—No voy a permitir que diga eso —respondió sin pestañear—. Estoy aquí para apoyar a mi esposo. Y él toma sus decisiones solo. Usted no lo controla ya.
Ernesto apretó los