CAPÍTULO 143
Camila le quitó el arma a Matías, Él estaba temblando, para el esto era una pesadilla.
—Matías, mírame —dijo ella con firmeza—. No vas a arruinar tu vida por un hombre como Santiago. Él no vale la pena. No vale ni un segundo de tu dolor. No vas a manchar tus manos por él. Eres mejor que eso. Mucho mejor.
Matías empezó a llorar como un niño pequeño, el dolor en su pecho no lo dejaba respirar
Cayó al suelo de rodillas, Camila lo abrazó fuerte, era su madre aunque no tuvieran la misma sangre
—Mamá… ya no puedo más… — titubeó—. Siento que no soy nadie. Que todo lo que viví fue una mentira.
—No digas eso —susurró ella—. No estás solo. Estamos contigo. Vamos a salir de esta, te lo prometo.
Detrás de ellos, Santiago aprovechó la confusión corrió hacia la puerta trasera de la mansión. Nadie lo detuvo. Desapareció sin mirar atrás.
Lucía bajó del segundo piso justo cuando Camila ayudaba a Matías a ponerse de pie.
—Se largan de mi casa —dijo Lucía con desprecio—. No quiero a ning