Capítulo 108
Luciano y Vicente llegaron a la casa de Ronaldo sin avisar. No tocaron la puerta. Entraron empujando a los guardias que intentaron detenerlos.
La rabia en los dos era evidente, una rabia que apenas podían controlar.
Ronaldo estaba en la sala, sentado, esperandolos, se levantó de inmediato.
—¿Qué quieren? —preguntó, burlón
Luciano no perdió tiempo. Lo tomó del cuello de la camisa y lo empujó contra la pared.
—Dime dónde está la bebé —ordenó con voz peligrosa—. O dime dónde se esconde Alejandro. Ya fui a buscarlo. Se escondió como una rata. Así que vas a hablar tú.
Ronaldo sonrió de forma burlona, sin miedo.
—No sé nada —respondió—. Y aunque supiera, no te lo diría.
Luciano apretó más fuerte.
—Si esta es la guerra que querías, aquí estoy. Si eres tan hombre como finges, enfréntame cara a cara. Deja de mandar cobardes a secuestrar mujeres y bebés.
Ronaldo soltó una risa sabiendo que tenía el control.
—No necesito demostrarte nada —dijo—. El que entró aquí a agredirme fui