Después de que sus pasos se alejaran por el pasillo, me quedé sentada en la cama del cuarto de invitados hasta que el cuerpo empezó a dolerme de estar en la misma posición. Las lágrimas se secaron solas, dejando la piel tirante y los ojos hinchados. Miré el reloj del móvil: 00:47. No tenía fuerzas para nada más que para moverme lo mínimo.
Me levanté despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper algo definitivo. Fui al baño que había en esa habitación, y abrí el grifo de agua cali