—Hija —dijo mi madre, voz temblorosa, corriendo hacia la cama—. Nos llamó el hospital. Llamaron a tu número de emergencia. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
Mi padre se acercó más lento, pero sus ojos estaban fijos en mí, llenos de un miedo que me rompió el corazón.
—Chloe… —murmuró, voz ronca por la tos crónica.
Sebastián se enderezó despacio, soltándome con cuidado. Se levantó de la cama, pero no se apartó del todo. Se quedó a mi lado, como una sombra protectora.
Mi madre lo miró de arriba abajo, confu