La frase de Elena quedó colgando en el aire como humo denso. “Tienes cara de embarazada”.
Sebastián y Lily ni siquiera parecieron registrarla. Él ya estaba inclinado hacia ella, escuchando con atención mientras Lily, con sus casi dieciocho años y esa energía que parecía inagotable, gesticulaba animadamente contándole algo sobre la universidad.
Sebastián soltó una carcajada genuina, de esas que le arrugaban los ojos y le hacían olvidar por un segundo todo el peso de la noche. Le revolvió el cabe