Elyna saludó al hombre con una sonrisa educada, pero una duda inmediata cruzó por su mente. No podía confiar del todo en aquellas emociones que parecían surgir demasiado rápido.
Sabía que el amor, cuando era genuino, no aparecía de la noche a la mañana.
Odín, por su parte, permaneció en la habitación de invitados, respetando el espacio que necesitaba Lucero y su hija. La tensión era palpable; cada gesto y cada silencio parecía contener palabras que nadie se atrevía a pronunciar.
—Lucero, no mie