Esa noche, el hospital estaba silencioso, solo roto por los suaves pitidos de los monitores y el leve murmullo del personal de guardia.
Alma dormía profundamente, acunando en sueños la sensación de haber sobrevivido a un día largo y agotador. Su pequeño bebé estaba en la cuna, envuelto en mantitas suaves, respirando tranquilamente, completamente ajeno a todo lo que había sucedido.
La luz tenue de la habitación caía sobre ellos, creando un espacio seguro y cálido.
Elías permanecía sentado junto a