La pequeña se había dormido rápidamente, vencida por el cansancio y el efecto de los medicamentos. Su respiración era suave, tranquila, casi un susurro que contrastaba con la tormenta emocional que se desarrollaba a su alrededor.
Lucero permanecía de pie junto al cunero, observándola como si temiera que, al apartar la mirada, algo pudiera sucederle. Gabriel estaba a unos pasos, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada fija en la niña… aunque, de vez en cuando, desviaba los oj