Esteban negó con brusquedad, como si el solo contacto le quemará la piel, y empujó a la mujer lejos de él con una violencia contenida que heló el aire. El gesto fue rápido, casi instintivo, pero lo suficientemente fuerte como para marcar un antes y un después en aquel instante.
Kelly no logró mantener el equilibrio. Su cuerpo, frágil y desprotegido, se fue hacia atrás y cayó pesadamente al suelo.
El golpe resonó en la habitación como una bofetada.
Un jadeo ahogado escapó de sus labios y, de inme