Al día siguiente, la mansión despertó envuelta en un silencio espeso, cargado de presagios, como si las paredes mismas recordaran lo ocurrido la noche anterior.
No era un silencio tranquilo, sino uno que oprimía el pecho, que se filtraba en los huesos y convertía cada paso en una declaración de guerra no pronunciada.
Elyna descendió la escalera con extrema lentitud, apoyándose en su bastón blanco como si cada peldaño fuera una amenaza invisible.
Sus movimientos eran calculados, suaves, casi frág