El sonido de las sirenas cortaba el aire como cuchillos de cristal, astillando la paz que Elyna había creído alcanzar.
La frialdad de las esposas cerrándose sobre las muñecas de Julián resonó en su pecho con la fuerza de una sentencia de muerte.
—¡Papito! —el grito desgarrador de Lucero rompió el último rastro de compostura.
La pequeña se zafó del agarre de Elyna con una fuerza nacida del pánico.
Sus pequeños pies corrieron por el pavimento hasta alcanzar a Julián, quien permanecía erguido, a pe