Un mes después.
Para Elyna, cada día de esas cuatro semanas había sido una montaña rusa de emociones, pruebas médicas y una ansiedad que le oprimía el pecho.
Su deseo de ser madre era una llama que, lejos de extinguirse con la tragedia, ardía ahora con una intensidad renovada, alimentada por la posibilidad de un nuevo comienzo.
En la clínica de fertilidad, el doctor revisó los últimos estudios de Elyna antes de dar su veredicto.
—Elyna, los resultados son sorprendentes —dijo el médico, ajustánd