Elyna sentía que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Aquellas palabras, "Tú no eres mi mami", habían sido como flechas envenenadas disparadas directamente a su alma.
El aire se sentía espeso, difícil de tragar.
—Mi amor, escúchame... —susurró Elyna, arrodillándose hasta que sus ojos quedaron al nivel de los de la niña. Su voz temblaba, pero luchaba por mantener una fachada de calma—. ¿Quién te dijo algo tan terrible? ¿Quién se atrevió a decirte eso?
Lucero levantó su rostro empapado en lágrim