Dos años después.
—¡No te doy el divorcio, Lucero! ¡Olvídalo! —gritó Gabriel,
Los ojos de Lucero se abrieron con una rabia al escuchar esas palabras.
Ella lanzó los documentos legales sobre la mesa, hojas de papel que representaban su libertad y que ahora parecían no valer nada.
—¡¿Quién te has creído que eres para decirme eso?! —replicó ella, dando un paso hacia él—. Hace dos años aceptaste este trato. Sabías que esto era temporal, una forma de salvar mi honor y limpiar el desastre que dejó Dav