Julián Altamirano sonrió con una mezcla de triunfo y alivio. Con un gesto protector, rodeó a Lucero con sus brazos, sintiendo la rigidez de su cuerpo bajo el encaje del vestido de novia.
—Créeme, Lucero, esto es lo mejor que has hecho en tu vida —susurró Julián, mirándola fijamente a los ojos—. Sé que ahora no puedes verlo porque el dolor te nubla el juicio, pero Gabriel te hará feliz. Él te adora, lo ha hecho desde siempre y tú lo sabes perfectamente. Algún día amarás a Gabriel con la misma int