Fue Alma quien rompió el beso.
Durante unos segundos, ambos permanecieron inmóviles, como si el mundo se hubiera detenido alrededor de ellos. La respiración de los dos estaba agitada, y el silencio que quedó entre ellos estaba cargado de emociones que ninguno sabía cómo expresar.
Elías todavía la sostenía entre sus brazos.
Sus manos temblaban ligeramente, como si temiera que en cualquier momento ella desapareciera.
—No me dejes, Alma —murmuró con voz baja y quebrada—. No quiero que mi hijo nazca