Se levantó y fue hasta donde estaba Alma. Caminó con calma y tomó asiento a su lado como si aquel gesto fuera lo más natural del mundo.
Alma se sorprendió al verlo tan cerca. Sus ojos se abrieron con desconcierto. El señor Santoro también lo miró con atención, evaluando la situación.
—Fidel Santoro, ¿cómo está? —dijo Elías con un tono educado—. ¿Qué hace con mi esposa?
El señor Santoro levantó ligeramente la barbilla.
—Señor, estamos…
Alma habló antes de que él terminara.
—Estamos en una reunión