Cuando Julián cruzó el umbral de su mansión aquella noche, el silencio del hogar no se sintió como un vacío, sino como una bendición.
Al entrar en la habitación principal, la luz tenue de las lámparas de noche bañaba a Elyna, quien descansaba entre sábanas de seda.
Su vientre se movía rítmicamente con su respiración.
Julián se acercó y, con una voz que era un susurro de paz, le contó las buenas nuevas: la pequeña de Vera y Gerardo había nacido sana y salva.
Elyna despertó a medias, con una sonri