Elyna y Julián salieron de la mansión sin intercambiar palabra alguna. El amanecer apenas despuntaba y el cielo estaba cubierto por una capa gris que parecía anticipar lo que estaba a punto de ocurrir. Subieron al auto y el chofer cerró la puerta con un gesto preciso, profesional, como si también él entendiera que aquel no era un trayecto cualquiera.
El vehículo avanzó por la avenida principal en medio de un silencio denso.
Elyna mantenía las manos entrelazadas sobre el regazo. Le temblaban. Sen