Elyna estaba a punto de cruzar la salida del salón, apoyada levemente en el brazo de Vera, cuando una fuerza brusca la detuvo.
El tirón fue tan repentino que su cuerpo se tensó de inmediato, aunque no retrocedió ni un paso.
—¡Elyna! ¡No puedes dejarme! —gritó Esteban, corriendo hacia ella como un hombre desesperado al borde del abismo, como alguien que acaba de darse cuenta de que ha perdido todo.
Su mano se cerró alrededor del brazo de Elyna con torpeza, apretando más de lo necesario, como si a