En el auto, el trayecto fue silencioso, demasiado. No era un silencio cómodo ni pacífico, sino uno denso, cargado de cosas que nadie se atrevía a decir.
Elyna iba sentada con la espalda recta, las manos entrelazadas sobre su regazo, mirando el reflejo borroso de las luces en la ventanilla.
Fue entonces cuando notó a otro hombre en el asiento del copiloto. No dijo nada, pero su presencia le incomodó.
Ahora que todo había pasado, el corazón de Elyna se sentía frío… pero no vacío.
Era un frío dolor