Los meses avanzaron lentamente, y con cada día que pasaba, Gabriel mantenía la esperanza de recibir noticias de Lucero. Su vida se había convertido en una espera interminable, donde cada llamada o mensaje inexistente le recordaba la ausencia de la mujer que había marcado su corazón. Él revisaba incansablemente correos, llamadas, cualquier pista que pudiera acercarlo a ella, convencido de que, tarde o temprano, alguien le daría la información que tanto necesitaba.
Sin embargo, un día todo cambió.