Elyna tomó la mano de Julián con suavidad, como si aquel gesto fuera un ancla que la mantenía firme en medio de la marea de miradas, aplausos y murmullos que los rodeaban.
El salón entero estaba de pie, celebrando, brindando por ellos, por la unión que acababa de ser presentada ante la élite más poderosa del país.
Ella sonrió, pero no lo hizo para los invitados ni para las cámaras, sino solo para Julián.
Lo miró con una mezcla de gratitud, calma y una felicidad que, años atrás, jamás creyó volve