Vera y Elyna se apartaron discretamente del bullicio del salón, casi como si ambas necesitaran aire después de tantas miradas, sonrisas forzadas y palabras medidas.
El murmullo constante de las conversaciones quedó atrás, diluyéndose junto con la música suave y las risas elegantes que flotaban en el ambiente.
El jardín de la mansión Altamirano se abría ante ellas como un escenario cuidadosamente diseñado: faroles cálidos delineaban los senderos de piedra, proyectando sombras alargadas sobre el c