Capítulo: Cásate conmigo.
—¡Padre, no digas eso! —suplicó Lucero—. Davos vendrá. Él me ama. Esto tiene que ser un error.
Julián Altamirano se mantuvo firme frente a ella.
Siempre había sido el puerto seguro de Lucero, el hombre que le concedía cada capricho y que la miraba con una dulzura infinita.
Pero ese hombre había desaparecido. El Julián que estaba frente a ella ahora decidió ser firme, por su propio bien.
Sus ojos eran severos, fríos y cortantes.
—Escúchame bien, Lucero, y que sea la última vez que tengo que repe