—¡Esta boda es un error absoluto! —La voz de Julián Altamirano resonó como un trueno en la habitación.
Elyna, manteniendo la calma se acercó a él.
Sus dedos, firmes, comenzaron a ajustar el nudo de la corbata de su marido.
Julián bufó, apartando la mirada. En su interior, la rabia competía con una angustia que no podía verbalizar.
Hoy era el día. Su hija Lucero, la primogénita de veinticinco años, la niña que había sido la luz de sus ojos desde el primer segundo de su vida, se casaba con Davos R