Lucero permaneció estática en medio del jardín, con el teléfono aún apretado en su mano. Las imágenes de Gabriel con esa mujer seguían grabadas en su mente como fuego.
El dolor inicial se transformó rápidamente en una rabia fría y cortante, una que no dejaba espacio para las lágrimas.
—Gabriel, vas a pagar por esto —sentenció en un susurro y se negó a decir que eran celos.
***
Mientras tanto, Gabriel se encontraba en un bar exclusivo de la ciudad. El ambiente era tenue, con luz cálida y el arom