Alma no pudo evitar llorar.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro en silencio, mojando la almohada mientras su pecho subía y bajaba con dificultad. Sentía el cuerpo débil, pero el dolor en su corazón era mucho más fuerte que cualquier malestar físico.
Cerró los ojos por un momento. Intentaba pensar con claridad. Pero su mente estaba llena de recuerdos.
“Es lo mejor…”, pensó con amargura.
Un hijo solo iba a atarla a un matrimonio que ya estaba roto. A una relación que nunca fue verda