—Yo…
Las palabras se quedaron atoradas en la garganta de Elías. Intentó decir algo más, intentó explicar lo que ni él mismo terminaba de comprender, pero no encontró la forma. El silencio que se extendió en el pasillo del hospital fue pesado, casi insoportable.
Se quedó quieto, con los hombros tensos, mirando el suelo por un momento antes de levantar la vista.
Frente a él estaban sus padres.
Y la expresión en sus rostros le hizo sentir un nudo en el pecho.
Decepción. Una decepción profunda que p