Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Elyna llevó a Alma a una revisión médica.
El cielo todavía estaba gris cuando salieron de la casa. El aire era fresco y el trayecto hacia el hospital transcurrió en silencio. Alma estaba sentada en el asiento del copiloto con las manos entrelazadas sobre el vientre, como si de manera inconsciente intentara proteger la vida que crecía dentro de ella.
Aún estaba débil.
Pero su rostro reflejaba una calma distinta a la del día anterior.
Cuando llegaron a