desconcierto y desconfianza, como si estuviera escuchando a alguien completamente fuera de la realidad.
Sus ojos se entrecerraron levemente, incapaces de procesar del todo lo que acababa de oír.
—¡Imposible! —exclamó, negando con la cabeza.
Elyna no se inmutó. Con una calma que contrastaba con la locura de su propuesta, abrió su elegante cartera y sacó un fajo de billetes grueso, perfectamente ordenado.
El sonido del papel al deslizarse entre sus dedos pareció resonar con fuerza en el silencio q